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La Arquitectura como Expresión Cultural.

 

Tendemos a pensar que las construcciones que nos rodean simplemente delimitan el espacio y son el telón de fondo de la vida, un testigo silencioso del transcurrir del tiempo, y en ocasiones asociamos la construcción del espacio a un ejercicio netamente técnico o estético que produce las improntas en el territorio.

 

Sin embargo, la arquitectura es más que eso, es una expresión cultural capaz de potenciar la diversidad a la vez que cimentar las pistas para entendernos como sociedad, no en vano mucho de lo que sabemos sobre las culturas ancestrales lo hemos aprendido de vestigios arqueológicos, de las ruinas de sus ciudades y construcciones, donde en piedra se escribieron sus cosmogonías y dieron forma a su cotidianidad.

 

Es entonces el espacio, interpretado a través de la arquitectura, una práctica cultural capaz de congregar a las personas o acompañarlas en soledad, crear espacios para reconocernos como sociedad y reafirmar nuestra relación con el territorio. Es una interesante confluencia de saberes, en sí misma no posee un núcleo ni una frontera disciplinar clara, es una especie de saber difuso, mestizo, una disciplina capaz de desatar procesos de polinización cruzada, albergando y permitiendo el libre desarrollo de otras disciplinas como la construcción o las ingenierías, pero más profundamente con otras expresiones culturales como las artes y oficios donde las ideas dispares se encuentran y se nutren las unas de las otras. Así, a través de la materialización del espacio no solo se captura el vacío, también se expresan las tradiciones y costumbres de una comunidad en un territorio particular y un momento especifico de la historia de la humanidad, correlacionando pasado, presente y futro. 

 

La arquitectura es capaz de catalizar el espíritu de un momento y permitir que: a través de ella se expresen múltiples voces y saberes.

 

“Nuestra cultura es, en gran medida, producto de nuestra arquitectura. Si queremos elevar nuestra cultura a un nivel superior, estamos obligados, nos guste o no, a transformar nuestra arquitectura. […] El nuevo entorno que habremos creado de esta forma nos tiene que traer una nueva cultura”

                                                                         Paul Scheerbart, La arquitectura de cristal, 1914

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